Caja que en realidad debería estar adentro de otra caja más grande, que a su vez debería estar en una bolsa, que a su vez tendría que estar en una especie de caja fuerte cerrada con llave, llave que tendría que haber sepultado en algún rincón del universo al cual no deseara volver jamás; pero que contrariamente no, está en la repisita del placard, a la vista de cualquier síndrome de textrañosinrazón que me agarre.
Entre todas esas cosas me di cuenta de que tengo un inconsciente increíblemente pocogamba que recordó que había olvidadado tu cumpleaños -por primera vez en 6 años- pero que ¡claro! lo tenía que recordar (no es que enero podía pasar así nomás, desapercibido, calladito la boca...)
Y en realidad pensaba en las ganas que tengo de verte... pero no, no porque tenga ganas de acordarme de que sos exageradamente lindo, sino porque estoy segura de que el tiempo deber haber hecho estragos en tu mente. Estoy segura (o es que a mi me encanta autoconvencerme) de que debes ser el flaco más pelotudo del fucking globo que haya cruzado en mi camino y que, por alguna increíble razón, fue el primer hombre al que le entregué mi vida - y el último, claro está-.
Pero no... tampoco... porque lo cínico de mi destino es que aunque sería normal cruzarte... no sé... en el chino de la vuelta, eso no sucede... entonces yo sigo con esta imagen idílicopelotuda que alguna vez tuve de vos.
Lo que sucede es que en unas horas voy a estar a tan sólo una cuadra de tu vida diaria y por alguna extraña razón tengo el presentimiento forro de que vas a estar ahí (por las bandas, por la murga, por la callejereada linda que tanto nos gustaba) y no quiero, no quiero que estés. Quiero que pases y mires extrañado, con cara de asco y arrojes al paso una frase al estilo de "aguante la cana" o "que se mueran todos" como para confirmar la única teoría que avala que tenga ganas de escupirte un ojo (como si en realidad no bastara con la sarta de forradas que me dijiste la última vez que nos dirigimos la palabra).
Y en realidad no, en realidad tengo pánico de verte porque me aterraría que me tiemblen las piernas (porque soy así de forra, lo juro).
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