Sí, esta bien. Todo esta bien. Ellos podrán decirse "te amo" y sonreír a la nada misma solo por el hecho de haberse reencontrado, y yo podré estar acá, con esta duda que me carcome el cerebro y la frecuente sensación de sentirme una crédula. Puedo convivir con esa porción negadora de mis pensamientos al corroborar que ella es patética y que él no es más que un niño con juguete nuevo (aunque me sueñe por las noches) y que ella va a agotarlo y a arruinarlo... otra vez.
Puedo convivir con mis ataques de "me salió mal" porque sé que si alguna vez en la vida tomé una decisión correcta fue la de haberme alejado, soltar la cuerda y correr.
Puedo decirme que "todo esta bien" porque sé cuales son los pensamiento internos que me gobiernan: los de estar segura que la próxima vez que de mi boca salgan las palabra que alguna vez le dije (sin estar segura de sentirlas) van a ser reales, palpables, tangibles.
La próxima vez voy a amarlo con las manos, con los ojos, con la piel, con los poros y hasta con las pestañas.
La próxima vez voy a amarlo con la boca, con las palabras, con los pensamientos más fieles y los sentimientos más entregados.
La próxima vez voy a vivir extrañándolo, incluso cuando lo tenga tumbado al lado mío, con el cuerpo desnudo y la respiración agitada.
La próxima vez me voy a permitir sentir lo que nunca sentí, voy a correr a buscarlo para abrazarlo fuerte y voy a escribirle los mejores mensajes de amor.
La próxima voy a compartirme por primera vez, no voy a ser solo mía, voy a ser nuestra.
La próxima vez voy a subirme al tren con la sensación de haber elegido un mismo destino.
No importa que hoy "la próxima vez" no tenga rostro, ni nombre. No importa no saber si será hoy, mañana o en años. Lo que importa es estar segura de que va a llegar y para eso tengo que estar atenta a mi y a mis deseos, no vaya a ser cosa que me pase por los costados.
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