16 abril, 2012

Crímenes (Im)perfectos

¿Era necesaria tanta obviedad?


En ese instante te sentís la mina más pelotuda que haya pisado el globo. Sos minúscula en tamaña situación, estas completamente indefensa, te ves reducida a un montón de sentimientos apretujándote el alma, quebrando el caparazón. La voz que resuena en tu cabeza te repite que sos una idiota, las emociones exageradas se apoderan de tus ojos, que irrumpen en llanto y te quitan la respiración.
Me vi parada ahí, siendo un elemento del decorado de un escenario que no me tenía de protagonista. Evidentemente para vos fui eso, un detalle más de la situación, situación en la que me veías ajena, al tiempo que yo me sentía en el papel estelar de la herida de la historia. Pasé de Pandora a Penélope en un lapso de tiempo increíblemente corto, de ser la valiente a ser un punto diminuto y reducido de mi misma y de mis sensaciones.
Volví a tener la tristeza adolescente, esa que señala grandes desilusiones y poca experiencia para hacerles frente, me sentí así de niña, llena de miedos y angustias cíclicas: ese llanto que afloja y vuelve con mayor intensidad.


Vuelvo a ser Pandora, me calzo el caparazón y te miro, los miro. Con pocas ganas de presenciar esas situaciones, con ganas de correr lejos, de desaparecer, pero con el rostro inmutable y la sonrisa permanente. La mirada sigue distante, no quiero cruzarme con tus ojos y mirarte con furia, no quiero escupirte más verdades, ya sé que ellas no te modifican.
Me siento desnuda, sensiblemente expuesta. Tengo miedo de volver a acumular palabras, que nuevamente se estanquen y me llenen el cuerpo con su mal olor.

Y lo terrible es que en la banda sonora de mis noches vuelva a sonar esta canción, tan sepultada y olvidada:



No me lastimes con tus crímenes perfectos,
mientras la gente indiferente se da cuenta.
De vez en cuando, solamente, sale afuera
la peor madera.

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