22 septiembre, 2014

Todo pasa y todo queda

Algo estaba claro: yo había elegido un camino completamente diferente. Nos nos encontrábamos y nuestras conversaciones parecían sostenerse en el reino de los muertos; no había forma de componernos como el todo que siempre habíamos sido y la pieza que no encajaba era justamente yo.
A la distancia puede parecer absurdo pero dolió en lo profundo en aquel momento. Lo dije -o creí haberlo dicho, quizá nunca es suficiente- y con el tiempo el desgaste sólo condujo a la distancia silenciosa, alguien que simplemente ya no está.
No pude separar las partes del todo, corté de cuajo y las individualidades me fueron indiferentes. No sé si hubiera servido, si hubiera sido diferente; fue así.

Camino a abrir la puerta: me sudan las manos. El Gringo tenía razón cuando decía que tenía que encarar los asuntos pendientes que tapé con montañas de militancia en los últimos años -el Gringo SIEMPRE tiene razón, sin excepción-. Te saludo y noto que nos tiembla la voz -no te conocería si no fuera porque te conozco de toda la vida-. Pareciera que nos sorprendemos de que los repiques del encuentro no se digan en la cara. Yo sigo sin entender que nos indignemos por lo mismo que sucede una y otra vez y casi me río cuando pienso que pareciera que fueron años pero que hay cosas que no cambian más. No quiero explicarte que mi distancia y mi arrepentimiento tienen más sinceridad que el sostenimiento de las cosas por la simple hipocresía del seguir siendo, sin saber qué.
Julieta es el nexo que nos comunica y ante alguna desorientación me respondes que me perdí una vida; acepto el mal trago.
A pesar de la incomodidad todo pareciera estar en el mismo lugar. No nos cambia ni el humor ni las mañas; en algún punto me provoca alivio el que no podamos parar de reír, ese recuerdo intacto de saber por qué nos elegimos y casi olvida por qué habíamos dejado de hacerlo.

La plaza nos tira todo el pasado encima. No podríamos recordar las mejores anécdotas de nuestras vidas sin la presencia de la otra, no nos habíamos faltado jamás.
Que de chicas jugábamos a ser mucamas de dos gordas millonarias, que a los trece años nos embriagamos por primera vez con dos birras calientes en la esquina del colegio, que Federico dijo "le mordí la lengua" el día que me dieron mi primer beso, que fuimos a ver a La Base al Luna Park y vos eras adicta a mirar Pasión de Sábado, que me bajó la presión en Maradó la primera vez que fuimos a ver a Los Piojos al Luna y que Coli se mandaba mensajes con el chorro que me había pungueado la mochila en aquel recital de La Renga en el único de La Plata, que yo había sido la novia de un pibe que gritaba "soy un viejas locas" mientras corría en calzones por Av. Gaona un sábado a las 3 de la mañana, que corrí a tu casa sin ropa interior el día que mi vieja me encontró garchando con Sebastián, que intentaste borrame el piojo deforme que me había hecho con henna con lavandina y virulana, que estabas ebria y le cantabas a un caracol que te caminaba por la nariz, que por borracha perdí las medias en el mar, que fisuré y te vomité la espinaca en las alpargatas, que me abrazaste la primera vez que me rompieron el corazón.

Lo pienso, lo escribo y lo pienso una vez más. Todo estaba ahí: el primer beso y la primera vez, el amor y el desamor, un sinfín de recitales, borracheras y mucho rock. Y esa risa que sólo vos podías arrancarme en cualquier momento, la que te deja sin respirar, ese cable a tierra que le devuelve el alma a tu cuerpo y un "todo va a estar bien" que parecía ser suficiente para volver a respirar. "Para siempre" parecía ser la conclusión más lógica a la que habíamos llegado ese día que escribíamos promesas en papelitos que arrojábamos al fuego.

Nunca fuiste la de las exigencias y el reproche, no caminabas por la vida pidiendo explicaciones que sabías que no podía darte. Tampoco lo fuiste esta vez; no ibas a preguntar, no ibas a juzgar. Ibas a estar, como siempre, con la mirada exacta sabiendo como nadie que buscaba un poco de piedad.
Soy cobarde e intento explicarte que me cegué y no pude encontrar otras alternativas y en tus respuestas no encuentro otro sentimiento más que el del dolor y el desgaste. Somos las mismas de siempre y somos completamente diferentes a lo que fuimos alguna vez. Te encuentro un poco en mí, me encuentro un poco en vos... y pareciera que nos estamos viendo por primera vez.
















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