Es un viaje al arcón de los recuerdos. Todo se encuentra en continuo movimiento, todo esta sujeto a la mutación: vos no sos la misma, ellos tampoco; sin embargo, juntos, somos los mismos.
Matías me abraza con una fuerza volcánica, me llena la cara de besos. Juan, que puede reconocer perfectamente la tristeza en mi mirada, me mira entendiendo la necesidad que tenía de ese instante. El Galle, Tomaco y Zito reprochan mi ausencia en tono amigable. Estas ahí, en el barrio, con "los pibes", los de toda la vida. Lo entendes y sabes que vos ahí ya no sos vos: soy la de antes, soy los restos de lo que fui, soy un poco de mi esencia conurbana.
Replanteate que es real, hace tres meses que no los veías, pero hace años que el encuentro no te causaba esas sensaciones de paz interior, hace años que no agradecías que los "mates rutinarios" con Juan se hayan transformado en una visita inesperada al quincho, que en cada rincón tiene guardada una historia de tu vida.
La conversación es retrospectiva, esta llena de esos "te acordás cuando..." y en la mente se te incrustan los recuerdos. Ese manojo de bronca que apretaba fuerte contra el pecho desaparece, después de dos semanas sentís que las ideas vuelven a fluir con comodidad, te sentís demasiado vos.
Me sentí querida, mimada y extrañada. Merecía ese instante de desconexión sideral. Te reíste hasta las lágrimas y les dijiste: "basta, por favor, no puedo respirar" y simplemente fuiste feliz, estabas plena.
Volver al pasado
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