Decir o no-decir, esa es la cuestión.
Las palabras vienen haciendo procesión en mis adentros. Se acumularon y, como no las dejé ir, se embotellaron. Quieren ahora correr con apuro, desprolijas y atolondradas.
Las palabras no dichas ocupan demasiado lugar, colapsan, rebalsan y pretenden ser exiliadas en una especie de vómito verborrágico, una cañería de dudas y sentimientos estancados que pretenden escaparse sin permiso. Una las retiene, pero se filtran en la mirada. Una las retiene, pero te cortan la piel y corren al destinatario.
Me gustaría poder escurrir el cerebro y dejar, por unos días, los pensamientos ahí, guardaditos en el cajón. Quisiera poder organizar el discurso para no estallar en lágrimas de vergüenza y miedo cuando te mire a los ojos.
Y se van a ir, vienen juntando telarañas escondidas ahí dentro. Vienen disfrazándose de otra cosa que no son... y a las palabras no les gusta disfrazarse, les gusta ser, les gusta corretear libres.
Hoy asume lo que venga,
sea para bien, o todo mal.
Y aunque pierda lo que tenga,
se va a morder, para aguantar.
Las PALABRAS querida amiga, en esta noche de duelo son carne podrida, hay que sacarlas una por una para afuera, sin quedarse con ninguna, sin escondernos mas detrás del lenguaje, hasta desterrarlo y poder construìr un puente entre paralelas que parecen inconciliables pero que se buscan desesperaqdas para tocarse en algún punto del universo. tranqui punki, relaja!
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