Entonces las condiciones físicas y habitacionales me obligaron a guardar la bronca en los bolsillos y a aceptar tu ofrecimiento.
- Bueno, dale. Mañana me voy re temprano igual, tengo cosas que hacer.
El despertador programado a las 9.30 y una pesadilla digna de banquete freudiano (cualquier psicólogo escaparía del consultorio si se encontrara con mi subconsciente y sus jugadas morbosas.)
El sueño que nos gana y tu voz de mediodía despertándome:
- Che, nos quedamos dormidos. Son las 12. Preparé el desayuno.
El mate y las infaltables galletitas de queso untable con aceitunas. Algunos balances de la jornada de ayer. Una migraña partiéndome la cervical y ese refrío otoñal en mi nariz.
No estoy segura de cuánto tiempo hablamos, pero en algún momento planificamos el almuerzo: Pink Floyd de fondo y unas verduras en el horno.
Son las 4 y me río de tu pijama, en realidad no puedo reírme de nada, sigo con la pintura en las ojeras y el pelo enmarañado. Cada tanto esbozo mi amenaza: terminamos esto y me voy.
Un café de sobremesa, larga charla de sillón (y yo no te digo nada de todo lo que tengo para decir). Y vos te bañas... y yo me fijo el calefón... y mientras lavo los platos: seguimos solos, esperando a nadie, esperando nada.
Tus manos improvisan en el cajón peruano, yo intento algunas melodías con la voz: nos reímos, planificamos.
Cuando decido irme te ataca la fabulosa idea de las trufas de vainilla con dulce de leche. Cocinamos de a tres: vos, yo y la voz de Víctor Jara.
Cuando decido irme te ataca la fabulosa idea de las trufas de vainilla con dulce de leche. Cocinamos de a tres: vos, yo y la voz de Víctor Jara.
Surge espontánea la invitación a dar un paseo por tu biblioteca revolucionaria y -casi sin darnos cuenta- nos encontramos en la cama, atestados de libros alrededor: me lees, te leo, nos ahogamos con algunas poesías.
El mate listo, nuestra merienda y una charla profunda acerca de las dialécticas dicotómicas del ser humano: el medidor de egoísmos y solidaridades, el debate de filosofía nietzscheana, las definiciones de amor y de felicidad.
- ¿Te das cuenta de que empezamos de día y ya es de noche, no? No hicimos nada! Es un día muy domingo... estuve todo el día en pijama.
Son las 21 hs y me acompañas hasta la parada del colectivo. Ni siquiera discutimos qué decir en la reunión de mañana....
- Hasta mañana compañera.
- Hasta mañana compañero.
(y ese abrazo, casi eterno)
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