Está sola. Trata de
entender que se encuentra en un período natural de adaptación. Es lógico que le
cueste retomar el ritmo anterior a la llegada del hombre que se ha marchado.
Es una mujer inteligente, pero algo se desgarra
dentro de su cuerpo. Se pregunta para qué y por qué y si fue verdad lo vivido
junto al hombre que ya no está.
Como si la existencia fuese una pugna de
equivocaciones y aciertos se interroga por los errores cometidos.
Ama la música, pero la ha olvidado. La casa está
en silencio. Sólo la claridad empecinada hace un metálico sonido.
El cuerpo se ha sentado en la cama. Los restos
de un batallado maquillaje dibujan luces y sombras en su cara. Va al baño. Pasa
sin interés delante de un espejo.
El cuerpo ha recuperado los movimientos
mecánicos para ejecutar los miserables actos cotidianos. Pero su mente continúa
obsesiva en la tarea de sufrir. De no querer dejar de sufrir para que algo de
alguien no desaparezca del todo.
Marc, La Sucia Rata
José Sbarra
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