Me caes bien, excepto cuando te esmeras para sacarme una sonrisa, un gesto simpático, un debate interesante.
Me molestan los dos besos y el término "chaparrita". Me fastidia tener que sonreírte cada vez que te recuerdo que ese es mi lugar en la mesa. Me irrita que utilices constantemente tus conocimientos para tener razón.
En fin, lo que no pudo creer es que tu presencia me esté replanteado la idea de ir a pasear un ratito al consultorio de Federico, para explicarle que no sé por qué razón me encuentro reflejada en este lugar de nena de 7 años, que mira fijo al otro queriendo contestar: No, gracias. No quiero un papá, ya tuve uno. No, gracias... ella te necesita, yo no.
Y escarbar otra vez lo mismo... ¿cómo? si ya está, ya te tenía vivamente enterrado en el jardín. Si ya hace años que puedo exteriorizarte con las humoradas... ¿por qué otra vez la opresión en el pecho?
Un presente que me recuerda al ausente
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