Vos podrás practicar tu indiferencia adolescente. Podrás quedarte ahí, con la mirada absorta cuando me acerco yo misma a reclamar el saludo, dando clases de buenos modales ante tu infantilismo recurrente.
Podrán mirarme de reojo, chicanearme hasta el cansancio en busca de esa chispa latente que causaría mi estalle emocional, provocando una especie de Kosovo familiar. Podrán decir, pensar y hacer lo que quieran a su antojo ante la señal de fastidio rotundo por no haberme convertido en ustedes, a su imagen y semejanza.
Mamá me sonríe, con esa cuota exacta de miedo y orgullo. Mi hermana me abraza... y en la cara de ustedes: YO SOY FELIZ... Porque tengo el lujo de haber sido y ser quien realmente soy y no un fantasma hereditario de posicionamientos burgueses y conformistas.
Porque el fracaso es no creer y sepan -y que lo tengan bien clarito- que no soy yo la que se ubica justamente en ese lugar: creo hasta el cansancio. Creo aunque les enrabie la mente: creo en mi, en lo que hago, en lo que pienso, en lo que digo, en lo que quiero.
¿Para ustedes soy un fracaso? Bueno, en todo caso, el sentimiento es mutuo.
Salú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario