Durante toda la jornada me aturde tu mirada clavada en la nuca. Cada tanto volteo (nunca puedo evitar hacerlo) y rompemos el muro de la indiferencia. Decimos así más de lo que podríamos explicarnos con palabras.
Una sonrisa tuya me invita a acercarme. Hablamos de odios, de broncas. Me animo a decirte todo eso que no queres escuchar, en cambio vos decís todo eso que yo necesito (siempre vamos a destiempo).
Y arrojas esa invitación que siempre me pone en jaque, esa que me hiela la sangre. ¿Quién te autorizó a robarme un beso? ¿Por qué te digo que sí?
Me lleno de angustia y busco el reto amigo: "necesito que me des dos cachetazos de realidad".
Mateo me dice todas esas cosas que yo ya sé, pero que siempre necesito que me recuerden. Porque claro que sé que tengo que quererme a mi misma, claro que sé que esto no me sirve. Me abraza y rompo en llanto con una angustia que había sepultado semanas atrás.
Entonces la bronca me da el valor de buscarte para que me digas. Necesito que me digas. Necesito decirte.
Y vos me endulzas la piel, porque siempre sabes como romperme el corazón.
Decís que me extrañas, que toda la noche del 25 buscaste esa foto. Negas las cosas que yo ya sé. Te excusas impunemente. Nunca pedís perdón, jamás. Sos un cobarde, yo sé que lo sos.
No te creo, hace meses que no creo nada que venga de vos. Aún así termino enredada en tus abrazos y en tus besos, como si quisiera que fuera verdad.
¿Por qué estás acá? ¿Cómo llegamos a mi cama?
Te beso con odio.
Registro esa sensación en mi cuerpo y POR PRIMERA VEZ no es lo que DEBO sino lo que SIENTO. Siento que no quiero estar ahí. Siento que ya no me desbordas la piel. Siento que me odio en ese instante en donde hago eso que me avergüenza. No me juzga la mirada ajena, me juzga la propia. El amor propio.
Te pido que te vayas porque toda acción conlleva un "¿para qué?".
¿Qué sentido le encontramos a éste acto repetido de despedidas "para siempre" que se suceden una y otra vez? ¿Cuándo es para siempre? ¿Cuándo termina el pasado? ¿Cuándo empieza el olvido?
Todo eso atraviesa mi mente mientras me besas y mi cuerpo te expulsa de mi.
¿Porque nos extrañamos? Pero... ¿nos extrañamos o sólo extrañamos esa sensación de tenernos en las noches de lluvia y frío?
¿Porque nos amamos? No, ya no te amo. Y ni hablar del amor que representaría tu crueldad.
¿Porque queremos volver? ¿A qué? ¿Para qué? Si la distancia y la mentira hicieron estragos en todo eso que alguna vez fue.
¿Por el simple sexo? ¿Por la piel? Por favor, no subestimemos lo que fuimos. Yo no soy un número en tu agenda y es justamente mi piel la que te expulsa. El cuerpo rechaza todo eso que nos lastima.
Y entonces sí me convierto en La Maga, sólo al momento de decirte que comprendas, que ahora me resulta fácil pedirte que te vayas. Que no vuelvas.
Entiendo el desconcierto en tu rostro. Entiendo que vos no registras lo que me pasa por dentro.
Ahora sos todo lo que no quiero. Ahora controlo mis impulsos.
Ahora (y lo dije hace solo unos días) elijo el no dolor.
Buena suerte y hasta luego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario