08 julio, 2013

Cuando elijo el no dolor

Arranco el día con una actitud exageradamente positiva.
Cuatros pesos de propina. El mate. Los puchos.
Oredenar lo externo (como si eso implicara la modificación interna). 
Estamos así, poniendo casa cosa en su lugar.
Recuerdo esta foto y vuelvo a sentir la reconfortante sensación de tener los pies en la arena.
Poner los pies en la tierra, aunque se hundan y se empapen.
¿Por qué no podría aceptar aceptar convertirme en ola? 
Avasallar, romper, estrellar.
Desarmarse y resurgir nuevamente desde lo más profundo del fondo.
Vuelvo a imponerme con fuerza sobre mi misma. 
Nunca me presento igual: arrastro mugres y perlas del recorrido anterior.
Esta bien, hoy lo acepto.
Las heridas son heridas. Sanan.
De ida y vuelta es el camino.
(sé que por dentro va la procesión).


Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que
todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.




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