Cuatros pesos de propina. El mate. Los puchos.
Oredenar lo externo (como si eso implicara la modificación interna).
Estamos así, poniendo casa cosa en su lugar.
Recuerdo esta foto y vuelvo a sentir la reconfortante sensación de tener los pies en la arena.
Poner los pies en la tierra, aunque se hundan y se empapen.
¿Por qué no podría aceptar aceptar convertirme en ola?
Avasallar, romper, estrellar.
Desarmarse y resurgir nuevamente desde lo más profundo del fondo.
Vuelvo a imponerme con fuerza sobre mi misma.
Nunca me presento igual: arrastro mugres y perlas del recorrido anterior.
Esta bien, hoy lo acepto.
Las heridas son heridas. Sanan.
De ida y vuelta es el camino.
(sé que por dentro va la procesión).
Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que
todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.

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