Elijo perdonarte (quisiera poder hacerlo).
Lo elijo no porque lo merezcas, mucho menos por haberte entendido.
Lo elijo por mí, a través de mí.
No quiero más de este odio rancio, ni esta angustia de vómito contenido.
Ahora me resulta fácil reconocer tu egoísmo.
Ahora me resulta sencillo reconocerte en él: Oliveira fue siempre un cobarde.
¿Por qué me haces sufrir, bobo? Ya sé que estás cansado, que no me querés más.
Nunca me quisiste (...).
- Va a ser mejor que no vuelvas, Horacio - dijo la Maga-.
Ahora me resulta fácil decírtelo. Comprende.
- En fin -dijo Oliveira-. Me parece que nos apuramos a congratularnos por nuestro savoir faire.
- Te tengo tanta lástima, Horacio.
- Ah, eso no. Despacito ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario