12 septiembre, 2013

No está ahí. Ni acá. Tampoco más allá. 
Te sueño y te dibujo. Te imagino. Te acaricio.
Ahí deposito esa mansa ilusión, la del alivio.
Ahí no estás. Ese no es. Este tampoco.
¿Cómo dejo de buscarte?
En el intento me arrastra el pasado.
La vieja costumbre acaba por ganarle a eso que en realidad anda a saber si siento.
Esto siento: la frustración, el desgaste.
No estoy hecha para vivir en soledad, me dije.
Te busco porque te necesito.
Que terrible y agónica sensación esa de "necesitarte".
¿Será que verdaderamente te extraño? ¿Te elijo? ¿En serio?
No esta ahí, ni acá, ni más allá. No estás. No te encuentro. 
Sé que tropezaré contigo justo ahí, cuando no te espere.
Entonces ¿cómo dejo de esperarte?
Me concentro: soy yo y estoy llena de proyectos.
Soy un conjunto de pedazos desparramados.
Me aúno como puedo y cuando puedo.
Soy una imagen emparchada, encintada.
No importa cuánto me enoje:
No estás ahí, ni acá, ni allá. No sos eso, ni ésto.
¿Lo lloro? ¿Te lloro? ¿Aunque no te conozca?
¿Lloro el recuerdo? ¿El vacío?
¿Es nostalgia? ¿Melancolía? ¿Angustia contenida?
Mi cuerpo se enferma una y otra vez.
(todavía recuerdo el sabor del té).
No, vos no sos.
Vos sos mentira, un enjambre de mentiras. 
Mentira Cortázar, Horacio y La Maga.
Mentira la pintura de estas cuatro paredes.
Mentira Sabina.
Vos no sos. Me convenzo. Te extraño pero no sos. 
Debería salir de esta fantasía.
Es verdad que esta realidad apesta pero más apesta tropezar en falso.



No hay comentarios:

Publicar un comentario