18 agosto, 2013

Que el tiempo no te espera

Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro.

 

Llegó la hora de demostrar
que no hay hora, 
que el tiempo no te espera. 
Que sopla el viento 
y no para de hablar, 
cosas del viento, 
y no te espera. 
Sigue el agua 
su cauce natural, 
sigue pasando, 
se ríe y no te espera. 
Y esta el fuego
quemando el tiempo, 
el agua al viento, 
y no te espera. 
¡Ay, el presente!
que intenta decirnos, 
de manera urgente, 
que tampoco te espera.

Hay que luchar contra eso.
Hay que reinstalarse en el presente.

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