Encontrar el auto estacionado en la vereda. La pepona que me regalaste el día que empecé primer grado. El churrasco que me clavaste el día que no me salía la tarea de matemática. Las historias vascas. Los dibujos. Los Beatles o los Rolling Stones. Casa blanca. Gloria Estefan a la hora de cocinar. Tus comidas, las paellas. El asado y el pool de los domingos en el taller. Los fines de semana de pesca. El fútbol y River. El vaso de leche tibia antes de dormir. El juego de las cosquillas. Dormir arriba tuyo. Caminar y bailar sobre tus pies. Que me levantes de las orejas. La charla sobre las estrellas. El Rey León. La canción del Oso. Jugar, siempre jugar. La pizzería de abajo. Chapadmalal. Que me enseñes a nadar. Tu voz de locutor. Tu dolor de cintura. Los retos. Despertarte abriéndote los ojos. El rock. El blues. El jazz. Los acerca de cómo ser en la vida: que todos somos iguales, que no hay que discriminar, que siempre hay que pensar en el otro. Los cuentos actuados. La ballena. Dolina y la radio. Las visitas al abuelo y a la tía. Tu mal humor por tener que peinarme para que vaya al colegio. El barrio. Tu gente. Los abrazos de cuerpo entero.
La última vez que te soñé. Las ganas que tengo de poder decirte que quiero ser como vos. La puntada de las 15.15 hs. El orgullo que me da saber que fuiste el mejor. Las charlas con Abi. Tu mirada. Tu sonrisa. Que se me infle el pecho cuando me dicen que me parezco a vos. Que la vida me haya enseñado lo injusto, lo incomprensible, lo absurdo. Tenerte en el corazón, en el alma, en la piel. Que estés, que siempre estés. El odio, la bronca, la impotencia. Saber que sos lo único por lo que no puedo luchar. Recordar que todo lo que me queda tiene que ver con vos.
Te extraño todos los días. Me extraña estar acostumbrada. A veces te extraño y te necesito un poco más.
Y esta canción de cuna para sanar un poquito el alma, para que estes un poquito más cerca.
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