Él dijo que todavía estábamos a tiempo - de irnos -. Dudé, no te voy a decir que no.
- No tengo nada para darte. - esta vez me tocó a mí escuchar esas palabras -.
Yo estaba esperando que fuerte me tomara del brazo y me diera un beso de esos que Julio describe en el capítulo 7; y que me mirara de una forma que nos convenciera de quedarnos, que sintiéramos el miedo de que podía no funcionar, podía salir mal.
Y volvió a su vida de camisas planchadas y calendario en la heladera. Y volví a mi acertada vida de burdel, de vino barato y sábanas con olor a sexo y a pelo. -Él no sabe que nunca dejo que se queden a dormir.-
¿Por qué le exigís una historia de Cortázar a alguien que ni siquiera sabe qué es un Cronopio?
Y así lo arranqué de las almohadas.
En algo, desde el principio, tenía razón: supongo y suponemos que estamos y vamos a estar bien.
Buena suerte y más que suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario