22 junio, 2014

¿Lo cierto es irse?

Él me estaba diciendo que no sabía si quería volver pero que sabía que no quería quedarse. ¿Quedarse a qué? Y enseguida notó mi cara y arrojó: Vos... vos sos un desastre. Mirate. 
Y le vomité todo... así... sin mucha vuelta. 
Que me miento a diario; que me escapo de la arritmia de mi deseo, de tu deseo; que me equivoco dos por tres; que a veces lloro... o casi. Que me atragante con las palabras porque aquella vez me dejaste muda y que intento dar la vuelta pero cada tanto estoy volviendo sin saber por qué, como si me hubieras dejado con esta sensación de asunto pendiente o de historia mal parida. 
Y que estoy cansada y que me duelen los dedos de los pies; que voy de acá para allá y que no me encuentro, le doy vueltas y no: no estoy. Que no puedo escribir porque ni la tristeza me sale. 
Y entonces me dijo que tuviera cuidado con mi acusador concepto de escape. A veces la rutina nos esconde, a veces la verdad está en elegir diez cosas para meter en la mochila e irse. 
"De cero..." le dicen: la mochila... algunas cosas... irse... irme. 
Y vagar atónita, curiosa, desarmada, ligera, ilesa, liviana, exhausta, inédita, renacida de las cenizas de aquí y ahora. Y conocer el vértigo de mi propia altura, ser presa de otro impulso por asalto, dejar el miedo, construirme otros miedos.
Lo cierto es irse. 
Quedarse es ya la mentira,
la construcción, 
las paredes que parcelan
el espacio sin anularlo.
Julio

Y también me digo que estoy llena de proyectos y que el impulso me puede salir caro. Y la puta madre. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario