- Por eso desde el principio te dije que quizá tenías razón.
- Yo te conozco Nu. Vos militas la vida flaquita. Ocupa los espacios que puedas, sé feliz. Tener esa vida te llena de energía para cumplir mejor con todo lo que te propongas, al revés no funciona. El que mucho abarca... la seguís vos, no?
- Poco aprieta... Creo que en las últimas dos semanas lloré lo que no había llorado en el último año.
- Puede que no te sirvan mis palabras pero vos sabes que siempre te hablo con el corazón en las manos. Sé lo que vales como mina flaquita. También te conocí llena de vida y de deseo...
- Psicólogo tenías que ser...
- Es lo que quise ser. ¿Vos qué queres ser chiquita?
- Docente, claro está.
- No se puede ser feliz sin la energía necesaria para realizarse uno, desde uno y para uno. Volve a llenarte de vida, ahí vas a poder salir al encuentro con tus compañeros. Y llora viejo... ¿qué tiene de malo? Afloja un poco con el miedo y con la frialdad.
- Llorarlo todo... pero llorarlo bien, dice Oliverio. Veremos qué pasa...
- Seguramente no te vas a sentar a ver lo que pasa. Lo vas a construir, así sos vos. No te veo esperando, te veo construyendo flaca.
- Me siento un poco perdida, como en un stop.
- Seguro... pero eso también es construir. Es como el silencio de la música, los silencios se tocan viejo, tiene su sentido ahí.
- Hoy estas particularmente exacto.
- No. Estoy con vos, ahí mismo. Intento acompañarte y entenderte, como lo hago en cada beso y en cada abrazo (cuando me dejas hacerlo... eso de acompañarte...).
- No me da para cumplir con tantas expectativas.
- Quedate tranquila linda. No limes. Yo estoy acá, lo sabes... estoy si lo necesitas.
Puede que tengas razón... quizá tenga miedo de que seas real. Al fin y al cabo vos sos el que está ahí: el del abrazo, el de las palabras, el de las manos. Y gracias... siempre gracias.
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