29 diciembre, 2014

Buena suerte y hasta luego

Empapada de nostalgia busco tus palabras, Pizarnik hasta el extremo. Principalmente porque el que busca encuentra y porque en definitiva a vos las efemérides siempre te resultaron la mejor opción. 
Y te permito de nuevo alterar el pedazo de piel que ya no ocupas. Me juego una mala pasada y las inseguridades y los miedos vuelven a vomitarme las miserias ahí, en ese hueco que permanece intacto y que insiste con hacerme morir en él, alimentado de más odio o pena o anda a saber, esto que siento y que casi parece una súplica de aire fresco y beso en la frente.

Dejamos crecer las hierba y taponamos las heridas. Yo elegí la Rayuela y vos elegiste un reloj. (¿Te acordás? Eso que habías escrito era una maravilla.) Ahí andábamos haciendo poemas con cada daño. Vos te acostabas y apoyabas la cabeza así; cada uno elegía un capítulo. Así nos enamoramos. Es verdad, no pienso muy seguido en eso. 
Sabias que me resfriaba porque no podía evitar eso de destaparme mientras dormía aunque se me helaran los huesos, te despertabas a media noche y casi por instinto volvías a meterle a la frazada. 
En la orgía de nuestros daños violamos el significado de cada una de las palabras, por eso habíamos aprendido a jugar con las manos y las miradas y a dejarnos mensajitos en gíglico en cada una de las paredes: Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Es verdad que estuvimos enamorados antes de estar odiados, quizá como nunca antes y como nunca después. 
Yo estoy bien y perdoname pero no puedo perdonarte. Quizá si lo hubiera hecho me hubiera asomado al balcón para verte sentado en la esquina. Yo sé que sólo te basta una mirada para empaparme el alma y arrastrarme a cualquier rincón a que me tiemblen el clémiso y las incopelusas. 
Después me di cuenta que ese día soñé que tenía una relación con él y con Cortázar; yo también los amaba a los dos. Debo confesarte que me costó descifrar que Julio siempre sos vos aunque intente negarlo. Y ¡cómo le dábamos apasionadamente al temita de los sueños! Julio se moría. 
Y entonces te leo y lo citas otra vez: Sólo nosotros sabemos estar tan distantemente juntos. Él me decía entonces que faltaba que la realidad responda al mismo y cuando lo descifré me imaginé cayendo nuevamente en tus brazos. No, claro, yo me ahogo en tus brazos. 

No me digas que todavía me elegís ahora que no te pido que lo hagas. No me elijas. Somos un poco mejores en esta versión de ausencia con olor a naftalina. 
Esta bien que lo digamos, dejaron de contarse las noches en que soportamos nuestras negligencias románticas. 
Te estoy besando y agradeciendo las palabras pero, insisto: que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad. 

1 comentario:

  1. Anónimo5:16 a. m.

    https://www.youtube.com/watch?v=G1KZOxS7i9Q

    Cómo gasto papeles recordándote,
    Cómo me haces hablar en el silencio.
    Cómo no te me quitas de las ganas
    Aunque nadie me ve nunca contigo.
    Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años
    Sin pasar tú por mí, detenida.

    Te doy una canción si abro una puerta
    Y de las sombras sales tú.
    Te doy una canción de madrugada,
    Cuando más quiero tu luz.
    Te doy una canción cuando apareces
    El misterio del amor.
    Y si no lo apareces, no me importa:
    Yo te doy una canción.

    Si miro un poco afuera, me detengo:
    La ciudad se derrumba y yo cantando.
    La gente que me odia y que me quiere
    No me va a perdonar que me distraiga.
    Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
    Porque no te conocen ni te sienten.

    Te doy una canción y hago un discurso
    Sobre mi derecho a hablar.
    Te doy una canción con mis dos manos,
    Con las mismas de matar.
    Te doy una canción y digo Patria,
    Y sigo hablando para ti.
    Te doy una canción como un disparo,
    Como un libro, una palabra, una guerrilla:
    Como doy el amor

    ResponderEliminar