Un amor lobo que nos besará las cicatrices.
Estarás tendido a los pies de la cama acariciándome los
dolores.
Un amor que nos enseñe y nos aprenda.
Amaneceremos riendo desnudos y despeinados y después
cruzarás la puerta para ser alguien a quien jamás voy a conocer.
Un amor que golpee las estructuras.
Volverás a cruzar la puerta tan sólo para arrancarme la
piel.
Un amor de felicidad de instante.
Serás el vértigo y la caída de un precipicio que se me
vuelve inevitable.
Un amor que nos arda hasta en las pupilas.
Serás como el fuego que jamás crece en el lugar equivocado.
Un amor que jamás será un amor.
Haré a un costado los miedos y volveré a ser el impulso de
un deseo que apenas puedo controlar.
Un amor que no será más que la entrega de los cuerpos por un
rato.
Vamos a sostenernos en un abrazo.
Un amor fugaz que culminará con la prisa con la que intenta
entrar.
Te irás o me iré, da igual. Nos quedaremos en presencia de
palabras y escritos viejos que quizá algún día nos recuerden en el otro con
violencia o placer.
Un amor que no será una disputa de sentimientos.
Porque me es imposible mirarte a los ojos y no querer
contagiarme de libertad. Aprenderte todo, enseñarte todo.
Un amor sin promesas.
Y con la carne cruda de tu mirada alumbraré palabras.
Un amor que no es más que el ticket de ida a ningún lugar.
Jamás me culparé por la cobardía.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Julio
No hay comentarios:
Publicar un comentario