en en el pecho hundido y ahogado,
en las piernas quebradas,
en la lágrima,
en las lágrimas,
en el llanto verborrágico de moco tendido,
en la pregunta que te haces,
en la respuesta que te das,
en ese sentimiento rabioso de angustia,
en la alerta de herida previsible,
en la respiración entrecortada,
en tu fiesta de fantasmas,
en las promesas que no cumplís,
en la mirada rígida, empapada,
en el tórax estallado,
ahí donde atinas en entender que siempre le erras a la altura del vuelo. Sentir de más, mirar de más, hablar de más, abandonar de más, entregar de más.
La bocanada de nostalgia y el huracán de palabras que anido en la boca del estómago que ahora se retuerce buscando un ápice de compasión propia. Marcada y mordida habitando siempre en la grieta propia. Buscándole al fracaso un lugar para doblar la pena y guardarla ahí, en el cofrecito de todas las cosas que no van a funcionar.
Adolorida, desgarrada, iracunda, tanmal repartida y dibujando una nueva forma de naufragio vago y dudoso al que hoy ni siquiera le encontras luz.
Hoy todo estará mal y esconderé la cabeza en la tierra para no mirarme. Hoy seré triza y me desharé en fantasía de viaje sin paso en falso ni vuelta atrás que le valga. Hoy seré el error que se comete una y otra vez... y otra vez... y otra.
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