¿Para qué escribe uno si no
es para juntar sus pedazos?
y para ponerle letra a las sensaciones que se me clavan en la piel
para no ablandar los recuerdos a través del tiempos y hacerte así justicia con la memoria
para dejar ir
-o para no olvidar la necesidad de dejar ir-
para guardar el rastro que dejan los cuerpos
para luchar con las palabras que no digo
-o hacer soportable el castigo de decir de más-
para marcar huella de camino por el que siempre se puede volver
para aprender a mirarme completa desde algún rincón
con el miedo, la risa y la angustia
cuando soy la ansiedad pisándome los talones
con los huecos repletos de fantasmas
para tender puentes que acorten distancias y aprender a tocar con los idiomas
ordenándome las contradicciones
lidiando con los recuerdos
acariciándome y sabiéndome repleta de amores y guerras
y cuando las manos se vuelven vacío
cuando no puedo vomitarme las tripas revueltas
escribirme para recordar las razones de escribirme
para despedazarme
para decirme
para volver a nacer refugio de mi misma
para zarpar otra vez.
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