Pero me agarran ataques de fobias y miedos, de pensamientos sepultados de un pasado borroso que termino conservando en el afán de quebrarlo para olvidarlo y finalmente saltar. Entonces evalúo la posibilidad de salir corriendo, de escaparme nuevamente detrás del disfraz que apañó, desde ese momento, cada uno de mis movimientos.
Y por alguna razón, que todavía no comprendo, me quedo: Me quedo en vos y en tus dudas. Me quedo en vos y en mis dudas.
Abandono la pila de apuntes y me recuesto con el fin de poder elaborar una básica explicación racional.
Y viene a mi esa sensación de tu brazo enroscando mi cuerpo y tu beso de desayuno en la espalda. Y a vos se te escapa llamarme amor y a mi se me escapa una sonrisa que no busco comprender ni analizar, una sonrisa que no pide permiso y que no puedo disimular.
Entre sueños filtro los dedos por tu pelo enmarañado y me resguardo en ese beso casi eterno o en esa caricia, que siempre intento que me diga algo más, que nos diga a ambos lo que las palabras no nos dicen. Te rasguño la piel como si las marcas sobrantes fueran una seña que me recuerde en vos cuando cierre la puerta. Y todos esos pensamientos me invaden contra la almohada, que ya tiene más olor a vos que a mi.
Y pienso en llamarte por miedo a que no me estés pensando o a que creas que no quiero saber de vos.
Y quiero salir corriendo pero me atasco en tus ojos y siento que son ellos los que me piden que me quede, que son ellos los que quieren que me siga arriesgando.
Y no pretendo ocultarme los miedos, que hace tiempo son un condimento esencial de mi ser.
Y a Sabina le falta tu voz por encima de mis oídos. Y ese capítulo de Rayuela vuelve a inundarme los ojos:
- Ah -dijo Oliveira-. Así que yo soy un Mondrian.
- Sí, Horacio.
- Querés decir un espíritu lleno de rigor.
- Yo digo un Mondrian.
- ¿Y no se te ha ocurrido sospechar que detrás de ese Mondrian puede empezar una realidad Vieira da Silva?
- Oh, sí -dijo la Maga-. Pero vos hasta ahora no te has salido de la realidad Mondrian. Tenés miedo, querés estar seguro. No sé de qué... Sos como un médico, no como un poeta.
- Dejemos a los poetas -dijo Oliveira-. Y no lo hagás quedar mal a Mondrian con la comparación.
- Mondrian es una maravilla, pero sin aire. Yo me ahogo un poco ahí adentro. Y cuando vos empezás a decir que habría que encontrar la unidad, yo entonces, veo cosas muy hermosas pero muertas, flores disecadas y cosas así.
Y sin decirte nada te dedico una canción...
Te quiero salvar de tu desnudez
en pleno centro de la soledad.
Me quiero salvar haciendo revolución
desde tu cuerpo de cristal.
Hoy de ti hacia a mí,
hoy de mí hacia ti,
vamos a hablar en voz muy baja.
Dime lo que te pasa, déjame levantarte,
déjame darte un beso y curarte...
No hay comentarios:
Publicar un comentario