Haré algo terrible con el amor: re-inventarlo. Lo crearé en todas las casas y las esquinas.
No me quedaré, es verdad. Quizá yo simplemente esté hecha para convivir con el hueco que crece dentro del hueco, en el hastío, en el palabrerío barato del sillón; por eso te pienso y te nombro imposible.
Que la soledad es un montruo que no paró de crecer... eso ya lo sabemos.
Mirame y decime que soy una puta (puta puta puta) con odio contenido y un grito estrellado en la pared. Mirame y decime que soy hielo y piedra. No me conoces, no te equivoques; soy muchísimo más que este pedazo de colchón con olor a nada ni a nadie.
Soy yo ¿te molesta? Es esto que soy: los pies con los que me levanté, la voz con la que grité, las manos con las que me construí, la mirada con la que te vi y el alma con la que juré que jamás volvería a ser prisionera de mis propios impulsos. Soy la promesa en la que me fallé y la ternura con la que te miro y sonrío casi ingenua y desprevenida.
Voy a celebrarlo. Aplaudiré en la cara de todos tus fantasmas y los míos. Seré la sonrisa de mis mañanas y no la nostalgia, seré el impulso que me sacó de la jaula.
Vos no entendés que contener la angustia con falsos decorados es el arte de aprender a aguantarse el veneno en la garganta.
Haré también algo terrible con el dolor: liberarlo. Me desarmaré de alma.
Suelto la cadena y me mantengo a salvo. Soy simplemente esto que puedo ser y que no te alcanza.
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